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Reflexiones

PARAKLETOS

  • 23 agosto, 202024 agosto, 2020
  • by svsl

“Y yo pediré al Padre y os dará otro paráclito, para que este con ustedes para siempre”(Jn 14, 16)


El término griego usado en el Evangelio de San Juan, significa abogado, intercesor, el que acompaña.
Pero también en la plantación de la vid, existe un pequeño palo o estaca que está al lado de la vid para sostenerla en su proceso de dar abundantes frutos.

Por lo tanto Jesús al hablar de su partida está diciendo que no nos quedamos solos, pues existe una compañía, alguien que va a estar a nuestro lado, es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.

Evidentemente Jesús se queda de otras formas entre nosotros:

“Donde dos o más se reúnen en mi nombre allí estaré yo…Mt 18, 15-22), la reunión de la comunidad, del Apostolado, etc. Son momentos en los que también nos encontramos con el Señor.

“En cuanto le hicieron a uno de estos hermanos más pequeños a mi me lo hicieron…”, también el Señor está en el sencillo, el pequeño, en el más necesitado es otra forma de presencia.

“El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna…” Jn 6,53-54 La presencia Eucarística es otra forma como el Señor está entre nosotros, donde podemos encontrarlo y alimentarnos de Él.

Pero además el Espíritu Santo es quien está a mi lado y me sostiene, es una persona, no es solamente una fuerza, es el mismo Dios quien sigue con nosotros. Primero el Padre Crea, el Hijo Redime, Salva y el Espíritu Santo, acompaña, fortalece y santifica.

Por ello en nuestra vida debemos tener la certeza de la compañía y cercanía de Dios a través de su Santo Espíritu, por momentos sentimos como que

Dios nos abandonó, pero es solamente una sensación, la verdad es que Él es fiel y jamás nos deja.

Las situaciones difíciles y adversas hacen pensar que Dios se alejó, pero no es cierto, aún en esos momentos complicados, el Señor no se distancia, es importante mantener la fe y certeza que como buen Consolador, como buen

Paracleto, sigue a nuestro lado nos sostiene como la estaca a la vid, para que este de pie y así pueda dar frutos, tu vida posee un maravilloso plan, hay un proyecto Divino, donde tú debes dar abundantes frutos.

El término consolador es maravilloso, pues expresa esa actitud de abrazo, de ternura, de misericordia, de cercanía, de amor del Espíritu Santo que nos acompaña por el camino de la vida y sabe ser, amigo en el viaje, nuestra fortaleza, nuestra inspiración y nuestra firmeza para no desmayar.

El Espíritu Santo en el Antiguo Testamento, fue dado para algunos, quienes tenían una misión especial, profetas, Jueces, por ejemplo, como David, Gedeón, Sansón, etc.

Con la venida de Jesucristo, su pasión, muerte y resurrección, El Espíritu Santo ha sido enviado a todos aquellos que creen en Jesús, ahora no es para algunos, sino para todo el que cree, nosotros desde que estamos bautizados recibimos esa maravillosa persona del Espíritu Santo.

En el Sacramento de la Confirmación se renueva, y en cada Vigilia Pascual del Sábado Santo, por lo tanto anualmente renovamos todo lo acontecido en nuestro Bautismo, que es la presencia del Espíritu Santo.

Tú que ahora lees estas líneas puedes estar con una situación de decaimiento, de desánimo, de debilidad, te invito a que clames al Espíritu Santo, a que dobles rodillas, pues solamente Él puede renovar nuestro interior.

Jesús deja claro que este Espíritu Santo estará para siempre, no solamente por algún tiempo, sino será quien toda nuestra vida no acompañará y a quien con toda confianza podemos dirigirnos.

Jamás dejemos que nos invada la sensación de soledad, pues es falso, siempre nuestro buen Dios nos ha dejado la compañía, la cercanía, del Espíritu Santo, muchas personas consideran que están solas, se dejan llevar por el sentimiento de depresión, de angustia, de desesperación, pero tú debes siempre clamar al Espíritu, pues es la mano que sostiene, el amigo que acompaña, la fuerza que se renueva, quien llena nuestros vacíos y nos permite siempre seguir adelante.

Quien se toma de la mano del Dios de la Serenidad, nunca experimenta soledad.

Pbro. Manuel Armando Abac

Reflexiones

¿Qué significa La Poda?

  • 23 agosto, 202024 agosto, 2020
  • by svsl

“Poda” viene del verbo “Podar”. El término “Podar” es Cortar o quitar las ramas superfluas de los árboles, vides y otras plantas. Se poda un árbol para quitarle las ramas superfluas, inútiles o envejecidas por el tiempo que no son necesarias; para que crezcan y se desarrollen con más vigor; para eliminar las partes enfermas del árbol y despojarse de todo follaje estéril.

El pasaje de Juan 15, 2 se refiere a lo que podemos llamar una poda espiritual. En este caso, Dios Padre es el Viñador, el Señor Jesucristo es la Vid y las Ramas (sarmientos) somos nosotras.

Como cristianas católicas, hemos de ser “podadas”, lo cual se refiere a las purificaciones para poder darle la gloria a Dios con nuestra vida. Eso es un proceso que durará toda la vida, pues siempre tendremos algo que mejorar debido a nuestra condición de seres humanos imperfectos. Esto es algo que no es agradable cuando sucede. Inclusive, muchas veces nos duele; pero cuando el proceso ha terminado podemos notar que hemos cambiado, que hemos mejorado y que valió la pena la podada.

El Señor nos va preparando, nos va dando golpecitos para que vayamos adhiriéndonos a Él poco a poco.

La poda es dura, pero es necesaria. Purifica la vid, para que crezca y produzca más frutos.

Hay diferentes instrumentos para podar nuestra vida, entre ellos están nuestras autoridades: los padres, el sacerdote, el maestro, el jefe, y las autoridades civiles o del gobierno. Ellos serán usados para moldear nuestro carácter y actitudes. Muchas veces, eso es algo que no nos gusta, pero tenemos que decidir si queremos ser mejores personas, o no y si queremos agradar a Dios, o no.

Nuestras relaciones con otras personas son muy importantes. Dios le da un valor muy especial a las personas y a su cuidado. La actitud que uno tiene refleja lo que sucede dentro del corazón y eso es notorio a los demás. Si alguien con autoridad nos llama la atención por algo que no hicimos bien y respondemos de mala manera o con queja, o excusas, quiere decir que hay una “basurita” en el corazón que debe ser quitada.

Por otro lado, somos confrontadas por las personas alrededor de nosotras. Al tratar con ellas, aún en la misma Iglesia con las hermanas, siendo todas nosotras tan diferentes, causará una de estas reacciones: 1) O saltamos y nos defendemos 2) O reconocemos, con humildad, estar mal y nos corregimos.

¿Qué usará Dios para podar nuestra vida y para que, cada una de nosotras, demos buen fruto?

Con respecto a nuestras relaciones con otras personas ¿cómo es nuestro trato con ellas? Con respecto a nuestro tiempo ¿en qué lo gastamos? ¿Le dedicamos tiempo suficiente a Dios? Con respecto a las cosas materiales, por ejemplo, el dinero; ¿somos generosas? Con respecto al orden ¿dónde ponemos las cosas? ¿Tengo agenda/horarios para hacer las cosas? Dios, es un Dios de orden.

De esa manera Dios nos va podando.

Reflexionemos con el pasaje en Job 33,17-19 donde dice: “Lo aparta así de su mala conducta y lo pone a salvo del orgullo; lo libra de caer en la tumba y salva su vida de la muerte”; Dios nos revela al oído, su consejo, para apartarnos del orgullo y detener nuestra alma de la muerte. Pero a veces, nosotras no nos detenemos para escuchar lo que Dios nos está diciendo; nuestros oídos están adormecidos.

Cada una de nosotras necesita una poda diferente. Dios, como Padre bueno y amoroso, quiere salvarnos de una muerte innecesaria y prematura. En la primera Carta de Pedro 5, 10 nos dice “Y el Dios de toda gracia, que los ha llamado a su eterna gloria en Cristo, después de un corto sufrimiento los restablecerá, los fortalecerá, los robustecerá y los consolidará”. Él siempre estará “podándonos” y “regándonos” para que sigamos creciendo.
Finalizamos esta reflexión sobre la Poda con esta oración:
Señor, Tú eres la vid que nos sostiene, el dueño y guía de toda nuestra existencia. Sin Ti no podemos dar fruto. Poda todo aquello que estorbe nuestro crecimiento. Que esta oración nos descubra lo que necesitamos purificar, mejorar y/o enmendar, para dar el fruto abundante que, con tu gracia, podemos dar.

Dios y Padre nuestro, no permitas que nos separemos de Ti y nos sequemos, porque entonces nuestra vida, no tendrá ningún sentido. Por Jesucristo nuestro Señor, amén.

¡QUE PASES LA PODA EN VICTORIA!

Hna. Brenda Cordero

Reflexiones

Tiempo de cortar

  • 23 agosto, 202024 agosto, 2020
  • by svsl

¿Cómo cambia tu vida cuando conoces a Dios? Seguramente podrás ver en ti cambios que, podrían ser definidos como un antes y un después en la vida, cambios que para ti han implicado un esfuerzo grande y continuo, esos cambios, te permiten vivir con una sensación de dominio propio o bien de tranquilidad porque seguramente te sientes unida a Jesús, estando allí, esperas que, en el tiempo de Dios, lleguen las respuestas que has estado buscando. Pero, alguna vez te has preguntado si, ¿esas respuestas requieren de ti algo más que los cambios que ya has realizado? ¿Basta con que te sientas unida a Jesús?

Con el pasar del tiempo, en los caminos de Dios, te darás cuenta que los cambios que has hecho, son solo el principio de un proceso maravilloso que te reta a ser mejor; pero que, a la vez, podría resultar doloroso si de tu parte, no sueltas aquellas cosas que te impiden descubrir tu propósito.

Definamos tu propósito como el fruto específico que debes dar en la vida, este fruto tiene la característica de ser único; nadie más puede darlo por ti, nadie puede ocupar tu lugar ni hacer lo que tú, en esta vida debes hacer, tu lugar es irremplazable, esa es una bella realidad, pero entenderla, implica a la vez, aceptar que hay ciertas cosas a tu alrededor que no te están permitiendo dar ese fruto. El pasado, tu carácter, el enojo, el rencor, el odio, los celos, la envidia, algunas amistades o simplemente un sentimiento de impotencia o inferioridad que te hace inmovilizarte ante la vida, estas y otras más podrían ser las razones por las que, aunque eres una buena persona, no das el fruto que te corresponde… Ahora quisiera preguntarte:

¿Qué te lo impide a ti?

El problema es que al no dar ese fruto, tu propósito se ve comprometido y ese momento en el que conociste a Jesús en tu vida y te uniste a Él, se transforma en un momento emocional, que se sintió bien, que te hizo darte cuenta de cuánto vales y de lo que mereces, pero que, al final, eso que viste que mereces se quedó solo como una bella imagen de lo que pudo ser, sin convertirse en una hermosa realidad para ti.
Este es un buen tiempo de meditar y decidir, es un tiempo ideal para revisar tus metas, no solo las materiales, puedes revisar tu proceso de cambio, tu vida, las decisiones que debes tomar y, sobre todo es un momento ideal para decidir qué debes cortar de tu vida, ante estas decisiones te encontrarás con dos tipos de cosas a cortar:

Las que evidentemente te hacen daño, éstas, de alguna forma requieren menos lucha en tu interior para cortarlas, porque te lastiman, te golpean constantemente y te causan frustración y malestar.

Las que te alejan de tu propósito; pero te producen gratificación, acá está tu verdadero reto, lugares, hábitos, personas que, a pesar de que al estar allí o con ellas puedes sentir un cierto estado de paz, tranquilidad o incluso placer, a la larga te alejan de tu identidad y de la voluntad de Dios. No es fácil tomar la decisión de cortar si estás en este punto, pero hoy, es importante que como mínimo, aceptes que es necesario hacerlo.

Hoy es tiempo de cortar… tiempo de decidir. Quizá el mayor aprendizaje que puedes adquirir en tu vida, es entender qué hay circunstancias que no son superadas hasta que aprendes la lección que dichas circunstancias traen consigo. Por ello, es importante que busques sintonizar tus pensamientos a la voluntad de Dios.

Toma en cuenta que para Dios lo más importante es que encuentres tu propósito; porque al hacerlo estarás en el camino correcto para salvarte.

Por lo tanto, si en algún momento no tomas decisiones, es posible que Dios empiece a cortar aquello que te aleja de ti misma, de tus anhelos y sueños y, ese proceso puede ser sumamente doloroso y, aunque suene duro, pero si no tomas la decisión de cortar, será Dios quien empiece a hacerlo, por amor a ti, no como un castigo, más bien como una forma de limpiar el camino para que des el fruto correcto, el que al final, te alcanzará la verdadera felicidad.

¿Por dónde puedes empezar? Evalúa tu entorno, debes ser sincera contigo misma, quizá en este momento no estás lista para tomar decisiones, pero estoy seguro que podrías hacer un listado de las cosas que debes cortar, piensa para cada una de ellas, qué necesitas tener preparado para tomar una decisión definitiva y, acompañada de oración y de una relación íntima con Dios establece fechas límites en las cuales estés dispuesta a hacer ese cambio radical.

Hecho esto, simplemente empieza, corta hoy una pequeña hoja, mañana otra, anota en tu agenda cada uno de esos pequeños propósitos de cambio y, al final del día, evalúa tu avance, lo que lograste, lo que cambiaste, lo que se te volvió más difícil de lo que pensabas, lo más importante es que no te rindas ni te detengas, que cada día hayas cortado algo hasta que te des cuenta que estás lista para cortar la rama, no te afanes, cuando hayas avanzado hoja por hoja y, estés allí donde tú no puedas seguir adelante,

Dios te ayudará, porque este tiempo de cortar no es algo que harás sola, como siempre, Él estará contigo. Ánimo, no tengas miedo de cortar todo lo necesario para que puedas florecer y dar buenos y abundantes frutos.

Lic. Sergio Larios

Reflexiones

Mi Padre es el Viñador

  • 23 agosto, 202024 agosto, 2020
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Para comprender la riqueza de esta figura del Padre -Dios- como el “viñador” es importante acercarnos a la cultura del pueblo de Israel. La “vid” fue uno de los primeros cultivos del Pueblo de Israel, ya como sedentario en la tierra prometida. No es sólo un trabajo agrícola, ni una fuente de ingresos para las familias judías, sino que se convertirá en un signo de identidad, de cultura y de religiosidad.


En la tradición profética es utilizada esta figura de varias maneras, por ejemplo el Profeta Isaías hace un cántico a la viña (Is 5,1-7) y la compara con el Pueblo de Israel: “Pues bien, viña… es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantío exquisito. Esperaba de ellos justicia y hay iniquidad; honradez y hay alaridos…”.

El Profeta Jeremías utiliza también esta figura de la “vid” para reprochar al Pueblo su lejanía de Dios, pues han olvidado la gran dignidad que poseen: “Yo te había plantado de la cepa selecta, toda entera de simiente legítima. Pues ¿cómo te has mudado en sarmiento de vid bastarda?” (Jr 2,21).
Así, en la tradición profética hay una clara referencia de la “vid”, como la viña de Dios, que quiere su bien y sus frutos de acuerdo a su voluntad, por eso la cuida y protege con amor, como el buen viñador.

En el nuevo testamento, Jesús emplea esta figura como Parábola del Reino de Dios. Por ejemplo en la parábola de los obreros de la viña (Mt 20,1-16) en donde destaca la acción misericordiosa y salvadora de Dios que da a todos los trabajadores su justo salario y llama de diferentes maneras a trabajar a su viña. El propietario de la viña se identifica con Dios, que desea dar la salvación a todos; recordándonos también hoy que: “los últimos serán primeros y los primeros, últimos”.

La parábola de los viñadores homicidas (Mt 21,33-46) tiene unos destinatarios inmediatos, los Sumos Sacerdotes y los Fariseos, quienes comprendieron que se refería a ellos. El propietario –el viñador- es Dios, la viña es el pueblo de Israel. La buena noticia del Reino no excluye a nadie y el proyecto de salvación es para todos los hombres. La pregunta es ¿cómo respondemos al Señor hoy?, – ¿lo aceptamos o lo rechazamos?

Por eso, ante la figura del Padre, como el viñador, cabe resaltar su acción amorosa que quiere nuestro bien y nuestra salvación. A la cual estamos llamados a corresponder con amor y confianza, con la certeza que él nunca nos desampara.

Signo elocuente es que Jesús haya escogido el signo del fruto de la vid para quedarse presente en medio de nosotros, por medio de la Eucaristía: “Porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con ustedes, nuevo, en el Reino de mi Padre” (Mt 26, 28-29).

Así Jesús se proclama con claridad en este texto del Evangelio de San Juan: “Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador” (Jn 15,1).

Fray Edwin Alvarado

Reflexiones

Yo soy la vid

  • 23 agosto, 202024 agosto, 2020
  • by svsl

Jesús vivió, con los ojos muy abiertos al mundo que le rodeaba. Les habló a sus discípulos y a nosotras nos habla, desde la vida; para que todas podamos entender su mensaje. Observa la creación y la disfruta. Se ha fijado en los pájaros, en los lirios del campo, en las ramas de la higuera, en la imagen de la viña y con palabras sencillas nos revela el misterio de la unión a Él.

En el Antiguo Testamento, la imagen de la vid indicaba el pueblo de Israel: “La viña del Señor todopoderoso es el pueblo de Israel” (Is 5,7). El pueblo era como una vid que Dios plantó con mucho cariño (Sal 80,9-12). Pero la vid no correspondió a lo que Dios esperaba, “esperando buenas uvas dio racimos amargos” (Is5,4). 

En el Nuevo Testamento: la condición de vid pasa del pueblo de Israel a Jesús. Él se proclama a sí mismo, en la Ultima Cena como la verdadera vid, cuyo fruto, no causará decepción a las esperanzas del Padre.

Pero para entender bien todo el alcance de esta parábola, es importante observar de cerca una vid. La vid es el árbol que produce la uva, es un arbusto sarmentoso y trepador de gran longevidad. Es la fuente de energía que hace crecer y madurar las uvas. El sarmiento o rama es una parte de la vid y por ambos corre la misma savia. Los sarmientos y la vid no son lo mismo son, más bien, la prolongación de la vid.

Con esta semejanza Jesús nos invita a nosotras, representadas por los sarmientos, es decir, las ramas, a estar unidos a Él que es la fuente de vida, como lo indica uno de los documentos del Concilio Vaticano II: que la razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios (Gaudium et Spes, 19). ¿Cómo no vivir unidas a Él? Qué es la única verdadera fuente de vida.

Dice el Papa Francisco al respecto de esta parábola de Jesús, que esta unión a Él es todavía más profunda y vital que la unión que existe entre la madre y el bebé que lleva en su seno. La criatura recibe todo de la madre: sangre, alimento, calor, respiración, pero el niño tiene que separarse de la madre en un momento dado, para seguir viviendo y poder crecer y desarrollarse.

En cambio con los sarmientos no sucede así, sino al revés: tienen que estar siempre unidos a la vid para seguir viviendo y para poder dar fruto.
Hermosa enseñanza, saber que Jesús es la vid, que nos da alimento, sostiene nuestras vidas, es la fuerza salvadora del Padre. Jesús se reveló así mismo diciendo: Yo soy el camino, la verdad y la vida, Yo soy el buen pastor,

Yo soy la puerta, Yo soy la luz del mundo, Yo soy el pan de vida, Yo soy la vid verdadera.

No hemos de olvidar sus Palabra sencillas y reveladoras cuando les dice con amor y en confianza a sus discípulos antes de entrar en su Pasión y sabiendo que eran momentos, donde tenía que darles la clave que se mantuvieran firmes en la fe y unidos, porque al ser apresado, serían dispersados, que tendrían miedo, que tendrían dudas: Yo soy la vid, ustedes las ramas. El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto; porque sin mí no pueden hacer nada (Jn 15,5). Y a pesar de sus dudas el Señor les concedió permanecer unidos a Él, los levantó, los consoló, les dio su Espíritu y fueron enviados a llevar la buena nueva a toda la creación (Mc 16,15). Y hoy nos dice a ti y a mí, no temas Yo soy la vid, fuente de vida y aquí estoy para ti.

Como los discípulos, no alcanzaremos la salvación de manera mágica, debemos mantenernos unidas a la Vid, para llenarnos de amor, para tener paciencia en medio de nuestras actividades diarias, para poder perdonar, para poder luchar por un mundo mejor. Esta unión es en libertad, porque el Señor no obliga, como el amor no se obliga, debe ser por convicción, por agradecimiento de todo lo que Él ha hecho por nosotras. Porque cuando andábamos perdidas, en el mundo, llenas de dolor, con el corazón quebrantado, sin rumbo, Él como buen pastor, fue por nosotras, nos abrazó, curó nuestras heridas, y nos habló de amor como nadie lo había hecho antes, nos devolvió la dignidad.

Así que amiga que estás leyendo esta reflexión, si te preguntas ¿Cómo puedo salir adelante en estos tiempos donde la modernidad nos ha llevado a poner la mirada más en las cosas del mundo que en las del Reino de Dios, y nos invaden la influencia de las redes sociales, del relativismo, andamos afanadas por el trabajo, por el dinero, por la diversión, por el poder? Pues sin duda alguna que con la ayuda de Jesús, saldrás adelante; porque Él es la Vid, que da la vida por ti, que te ama, que te sustenta y te acompaña. Lo único que tienes que hacer es responder a ese amor verdadero y quedarte junto a Él. Y que no se te olvide Jesús es tu Vid, tu fuente de vida, enviado por el Padre de Amor.

Hna. Mayra Gómez

Reflexiones

Oración de gracias, la oración de Ana

  • 23 agosto, 201724 agosto, 2020
  • by svsl

La constante más estable de las oraciones del Antiguo Testamento es, sin duda, su relación con el plan salvífico de Dios. En las Sagradas Escrituras observamos que se ora a partir de lo que ha sucedido (pasado), de lo que sucede (presente) o para que suceda algo (futuro), a fin de que se dé a la tierra la salvación de Dios.

Todos los grandes personajes de la Biblia tuvieron, bajo circunstancias muy particulares, un momento de oración profunda y sincera con el Señor. Cada acontecimiento memorable de la historia de la salvación va acompañado de una oración poderosa ya sea por lo que sucedió, por lo que estaba sucediendo o para que sucediera.

La historia de Samuel no fue la excepción, pero ¿Quién fue Samuel? Permíteme compartirte unos datos interesantes de este gran hombre de la antigüedad, ya que su figura es sumamente importante para el pueblo de Dios:

Es quien cierra la etapa de los jueces – caracterizada por personajes heroicos como Sansón y Gedeón – y abre paso a la monarquía con su primer rey: Saúl.
Samuel será el escogido por Dios para ungir al rey más representativo que tendrá el pueblo judío: David. De éste dirá Dios “Es un hombre conforme a mi corazón” y en él Dios cimentará la promesa mesiánica del nacimiento del Hijo de Dios: Jesús.
Su vocación iniciará en la infancia con la famosa frase utilizada, hasta el día de hoy, para desarrollar el tema del llamado y la atención a este: “Habla Señor que tu siervo escucha”

A estas alturas ya te estarás preguntando ¿Qué tiene que ver todo esto con el título sobre la oración de Ana? Permíteme compartirte donde comenzó todo, porque la historia de Samuel inicia con la oración de su mamá: Ana. Para eso necesitaré que leas completo el primer capítulo del 1er Libro de Samuel. ¿Lo leíste? ¡Excelente! Comencemos.

Como pudiste notar, Ana era una mujer estéril que sufría no solamente el dolor de no poder concebir, sino también, el desprecio de una sociedad que veía en esta situación una “falta de gracia” por parte de Dios. Además, la otra esposa de Elcana constantemente se burlaba de ella y le menospreciaba por esta situación. En medio de esta crisis, Ana, decidió orarle al Señor y ahí es dónde quiero detenerme para resaltar tres aspectos de dicha oración que nos iluminarán sobre cómo debería de ser la nuestra.

“Llena de amargura como estaba, oró a Yahvé” (Versículo 10)
¡Ora como estás! Algunas personas están esperando a “sentirse mejor” para elevar su oración a Dios. Otras creen que para hablar con el Señor es indispensable “estar limpios” y no falta quien considere que para dirigirse al Creador necesita oraciones sumamente elaboradas o rebuscadas como:
“Oh Padre sempiterno…” o bien “Oh Dios omnisciente…”
Sin embargo esta mujer nos muestra que al Señor podemos hablarle como estamos, como nos sentimos, como somos. Dios es nuestro padre y ¿Quién, para hablar con su papá, necesita preparar con antelación frases rebuscadas a fin de llamar su atención? ¡Nadie! Yo no conozco a nadie que necesite, antes de presentarse con su papá, elaborar un escrito elocuente para manifestar sus inquietudes, peticiones o reconocimientos. Simplemente llegamos, saludamos y le hablamos sobre lo que queremos abordar. Punto. Ora al Señor así como estás.

El libro de Daniel nos ilumina un poco mejor sobre este tema. Dios respondió a la oración de Daniel de esta manera: “No temas, Daniel, porque desde el primer día en que tú intentaste de corazón comprender y te humillaste delante de tu Dios, fueron oídas tus palabras, y precisamente debido a tus palabras he venido yo.” (Dn 10,12) ¡Dios escucha intentos!

“Yahvé Sebaot”. Ana llama a Dios: “El Señor de los ejércitos” (Versículo 11)
Como vemos y tratamos a Dios es importante. La idea que tenemos de Dios es sumamente importante. Lee detenidamente esta frase:

“Podemos orar contándole a Dios lo grandes que son nuestros problemas o podemos orar diciéndole a nuestros problemas lo GRANDE que es nuestro DIOS”

Sabías que:
El término “Yahvé Sebaot” aparece por primera vez precisamente en este relato de la oración de Ana a Dios y su respuesta a ella.
A partir de este momento, será el término más utilizado para referirse a Dios en todas las Escrituras: aparece 284 veces
Cuando David enfrentó a Goliat, será éste el término que utilice para referirse a Dios: “Dijo David al filisteo: Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre de Yahveh Sebaot, Dios de los ejércitos de Israel, a los que has desafiado” (1 Sam 17, 45) Y, por cierto, esta batalla será memorable.
Esta expresión – Sebaot – aparece especialmente ligada al Arca de la Alianza y resalta la realeza celestial del Dios que “se sienta sobre los querubines” y además dirige la atención hacia las miríadas que rodean el trono de Dios. La corte celeste tiene múltiples funciones: canta la alabanza eterna de Dios, forma parte del gobierno de los Cielos y lleva a cabo en la tierra los mandatos divinos.
La próxima vez que ores, no olvides utilizar este término, seguramente te recordará que Dios es el soberano de la tierra.

Gratitud (Versículos del 26 al 28)
Una vez esta mujer recibió su milagro regresó al templo para dar testimonio de la obra que Dios había realizado en su vida y a cumplir el voto que ella misma le había ofrecido al Señor.
“Óyeme, señor, yo soy la mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Yahvé.
Este niño era lo que yo pedía entonces. Y Yahvé me concedió la petición que le hice. Ahora yo se lo ofrezco a Yahvé para que le sirva toda su vida: él está cedido a Yahvé”
1 Sam 1, 26-28
Comparte, especialmente con aquellos que te han visto sufrir y suplicar, las grandezas que Dios ha hecho en ti, por ti y a través de ti. Regresa al lugar de tu oración de petición pero ahora con una oración de acción de gracias. Bendice al Señor que te lo ha dado todo con tus labios y con todo tu ser. Nunca olvides lo que escribió el salmista:
“Bendice alma mía al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios” (Sal 103,2)

Marlon Cardona Berges.

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