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Reflexiones

Donde haya tristeza, ponga yo alegría

  • 12 marzo, 20154 agosto, 2020
  • by svsl

He estado pensando en una característica de Jesús que más me guste; y esta es que donde Él estuvo o pasó nada quedo igual a como estaba.

En donde había una enfermedad quedó salud, en donde había muerte quedó vida, en donde había pecado quedó su gracia, en donde había hambre quedó saciedad, en donde había confusión quedó claridad, en donde había tormenta quedó la calma, en donde había condenación quedó salvación y así podríamos seguir y darnos cuenta que era y es un Jesús de cambios.

Como mujer, sé que también donde nosotras pasamos, las cosas no quedan igual. Sin embargo, sería bueno pensar si esos cambios son para bien o para mal. Somos agentes de cambio pero ese cambio debe ser siempre para bien, para bendición de toda persona que nos rodea.

Es tan común llegar a una reunión de mujeres en donde alrededor de un café se manifiestan todas las quejas, todos los dolores, las frustraciones, todos los sin sabores del matrimonio, los conflictos con los hijos, la violencia del país, la muerte de un ser querido; en fin, un sin número de acontecimientos que traen dolor y tristeza a muchas mujeres.

Ante esto, ¿Qué ponemos nosotras? Dice que donde hay tristeza debemos poner alegría. Pero, ¿Será ésta nuestra actitud?, ¿Será que cuando las cosas están difíciles en casa, nosotras llevamos alegría?, ¿Les recordamos a los nuestros lo que dice el Salmo 31,7? “Tu amor me trae gozo y alegría”, o la invitación que nos hace San Pablo “estén siempre alegres”.

Acaso les hablamos a esas mujeres que hay un Dios que las ama inmensamente que ha dado todo por cada una de ellas y que puede traer alegría a sus vidas de la misma manera que nos la ha dado a cada una de nosotras y testificamos a un Dios vivo capaz de cambiar nuestro lamento en baile.

Para muchos parecerá locura y podrán pensar: ¿Qué le pasa si está pasando grandes dificultades y está alegre? ¡Está enferma y está alegre!. Pero nosotras sabemos que nuestra confianza está en el Señor y que de Él viene nuestra alegría, no la alegría que da el mundo y que es pasajera, sino la que viene de nuestro Dios.

Seamos como Jesús que por donde nosotras pasemos, a donde lleguemos, y en el hogar en donde el Señor nos ha puesto, podamos poner la alegría.

Hermana Griselda de Velásquez
Guatemala

Oración
Señor, tu eres mi amparo, mi fortaleza, la fuente de mi alegría, hoy quiero darte gracias por todas las bendiciones que derramas sobre mí, quisiera enuméralas pero seria imposible contarlas todas, quiero hoy poner mi mirada en ti, gracias por la alegría de sentirme hija tuya, amada por ti. Te pido que me regales un corazón alegre, una mirada alegre, una sonrisa con la cual pueda dar testimonio a mi familia, mis amigos, compañeros de trabajo que mi vida ha sido transformada por tu amor. Bendice cada palabra que salga de mi boca para que con ella pueda animar, dar vida y transmitir esperanza y alegría.
Señor te pido para que cada día donde haya tristeza ponga yo la confianza de que tu estas entre nosotros y eres el mismo de ayer de hoy y siempre. El mismo que sana, que cura, que levanta, que reanima y que nos dice: ¡ánimo porque yo estoy contigo! Te lo pedimos en el nombre de Jesús con intercesión de María nuestra madre Amén.

Reflexiones

Tu que vives al amparo del altísimo y habitas…

  • 12 marzo, 20154 agosto, 2020
  • by svsl

El salmo 91 nos muestra el drama de la búsqueda de Dios en momentos difíciles. Por ello, comienza con este versículo muy actual: “Tú que vives al amparo del Altísimo y habitas a la sombra del Poderoso”.

A manera de introducción, este primer verso nos invita a adentrarnos en la vida de Dios. Quien se refugia en Dios no tiene que temer a nadie, ni a ningún acontecimiento por fuerte que sea. Podemos confiar plenamente en Dios, pues Él es nuestro refugio, tanto en la casa como en el camino. Ante todas las dificultades que nos cargan y nos abruman, que nos confunden y hasta nos angustian, Dios es nuestro amparo, es quien nos alienta e ilumina para continuar nuestro camino en la vida.

Muchos de nosotros vivimos como el inocente y perseguido que busca un refugio seguro, ante las muchas inseguridades y señales de violencia que acechan nuestra vida y nuestra familia; buscamos un lugar donde nadie nos pueda tocar para hacer el mal. En la frase del salmo, podemos darnos cuenta de que este lugar muchas veces era el templo de Jerusalén. ¿Ahora cuál es ese lugar para nosotros? ¿Quién es ese alguien, esa persona para nosotros en estos duros tiempos? Como cristianos comprometidos, seguramente es Dios, es Jesucristo, es la fuerza del Espíritu Santo. Queremos que sea la Iglesia, el lugar dónde depositar nuestras angustias, gozos y esperanzas. Un lugar para crecer y alentar nuestros deseos más nobles de construir una sociedad más humana y justa.

Hacer nuestro este verso del salmo es orar en medio de los conflictos para incrementar nuestro valor y fortalecer el ánimo. Es orar para superar las tensiones en el camino de la vida.

Este verso del salmo es toda una propuesta para “vivir”. Es vivir con otra actitud, con otro rumbo, con otra lógica. El vivir significa perseverar en la presencia de Dios, aun dentro de los tragos amargos de la vida, en las diversas inseguridades que genera la violencia y en las grandes injusticias que se cometen contra los sencillos y los inocentes de hoy. El “vivir” implica estar bien ubicado en la realidad y con el compromiso de asumir dicha realidad, cargar con ella y tratar de transformarla a la luz de la fe.

El verso nos dice: “tú que vives al amparo”. Éste es el sentido de vivir bajo el amparo de Dios. Este sentido de escuchar su palabra y hacer su voluntad. Por ello, el israelita decía que cumplir la ley es agradar al Señor. Estar bajo el amparo de Dios es vivir contantemente en la pertenencia a los deseos de Dios. Es vivir en la dinámica de la alianza: “Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo”.

Y continúa el verso: “habitas a la sombra del Poderoso”. Es la experiencia de aquel que se deja cubrir por Dios. Desde el bautismo, nos cubrimos con la vestidura blanca, que significa revestirse de Cristo, revestirse de la nueva condición: una persona nueva. Eso es realmente protegerse, cuando nos vestimos de la vida de Cristo, cuando asumimos los valores evangélicos, cuando tenemos los mismos sentimientos de Cristo. ¿Qué miedo podemos sentir? ¿Qué nos puede espantar? ¿Qué nos puede angustiar? ¿Quién nos puede engañar? Como dice el apóstol Pablo: “en todo salimos victoriosos, gracias a Cristo que es nuestra fuerza”.

Por tanto, situándonos en este verso del salmo, concluimos que Dios es nuestro amparo, es nuestro refugio, nuestra sombra, nuestra fuerza, pero eso no es mágico, sino que surge del vivir o el permanecer en la misma vida de Dios, es decir, cumpliendo su palabra, sus mandatos y su voluntad. Por consiguiente, tu oración es comprometida y envuelta por la gracia de Dios y de su Espíritu. Una oración que surge de la realidad que vives y experimentas cada momento para adquirir fuerzas, para sentirte protegida y animada a continuar llena de esperanza con el gran don de la vida.

Es la oración de dejarse caer en las manos de Dios para que Él actué en nosotros, y sea su fuerza y no la nuestra, la que venza las grandes dificultades que experimentamos, sabiendo que Dios es el que hace y guía todo. Es seguir en el camino de la vida dejándonos conducir por Jesús, por el Evangelio.

Sacerdote, Fr. Carlos Portillo

Reflexiones

Salmo 103

  • 12 marzo, 20154 agosto, 2020
  • by svsl

Este salmo es un homenaje a la misericordia de Dios y al mismo tiempo una invitación a dar gracias. En efecto, el autor del salmo coloca al inicio y al final las palabras: Bendice al Señor, alma mía. Es una frase colocada como un broche y en medio se describen las maravillas que Dios ha ido realizando a lo largo de la historia de la salvación, y nos llevan a la conclusión de que el amor y la misericordia de Dios son inmensos. De hecho, en el versículo 11 usa una imagen muy elocuente cargada de significado: como la altura que hay del cielo a la tierra, así de grande es su amor…

Los versículos 1 y 2 son una invitación a dar gracias y bendecir al Señor. El autor del salmo, dialogando con su alma invita a todo su ser a bendecir al Señor. Estas palabras nos recuerdan el mandamiento supremo del amor que nos recuerda: amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas (Dt 6,5; Lc 10,27). Se trata de bendecir al Señor Dios con todo nuestro ser, con todas las dimensiones de la persona, todo nuestro mundo cognoscitivo, volitivo, emocional, pasional, imaginativo, alma y cuerpo, inteligencia y voluntad, pasado, presente y futuro, afectos y sentimientos… en fin, ¡qué todo nuestro ser bendiga al Señor!
Se incluye, además, una invitación a no olvidar todo los beneficios que recibimos de Dios. En ocasiones, cuando pasamos por momentos de dificultad, experimentamos esa desagradable sensación de haber sido abandonados por Dios. El mismo Jesús mientras moría en la cruz exclamó: Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado? (Mc 15,34). Pero, precisamente en esos momentos difíciles, debemos recordar todo lo bueno que Dios ha hecho en nuestras vidas, como transformar nuestra tristeza en gozo trayendo a la mente aquellos hermosos momentos en los que experimentamos la cercanía de Dios, hasta el punto de lograr decir con el salmo 116,12 ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

Los versículos del 3 al 6 enumeran las razones por las cuales el salmista quiere bendecir a Dios. Es una lista de afirmaciones que llega a nosotros en forma de buenas noticias, como si fuera una lista de bienaventuranzas.
Nos dice:
Él perdona todas tus culpas, Él sana todas tus enfermedades.
Él rescata tu vida de la tumba, Él te colma de amor y de ternura.
Él sacia de bienes tu existencia, y te rejuveneces como un águila.
Él hace justicia, Él defiende a todos los oprimidos.

El salmista no está haciendo teoría sino que todas esas cosas las ha vivido en su propia carne. Son las ocasiones en las que se sintió perdonado, en las que se sintió sanado de sus enfermedades físicas, psicológicas o espirituales, cuando cayó en la cuenta de que toda su vida está llena de bienes celestiales. Se podrían ver reflejadas también las veces en las que pasó por momentos de depresión pero se sintió vivo nuevamente cuando descubrió que Dios hizo que su vida rebalsara de amor y de ternura. Es imposible olvidar las fuertes imágenes que el profeta Isaías utiliza para describir el amor y la ternura de Dios cuando afirma: como un niño a quien su madre consuela, así los consolaré yo a ustedes. (Is 66,13) y más todavía en Is 49,15 cuando pregunta: ¿Acaso olvida una madre al hijo que llevó en su vientre? Pues aunque hubiera alguna que se olvidara, yo no me olvidaré de ti jamás.

Es un amor totalmente gratuito que evoca el regazo materno. Es una misericordia entrañable, generosa, duradera. Cada uno de nosotros podría también hacer su propia lista indicando las maravillas que Dios ha ido realizando en su propia historia.
El salmista pasa ahora a hacer un elenco de las razones que el pueblo de Dios en su conjunto tiene para bendecir a Dios:
Él dio a conocer sus planes a Moisés, y dio a conocer sus planes a los hijos de Israel.
El Señor es clemente y compasivo, paciente y lleno de amor;
No está siempre acusando ni guarda rencor eternamente;
No nos trata como merecen nuestros pecados,
Ni nos paga de acuerdo con nuestras culpas.

Todas esas afirmaciones nos recuerdan que Dios se define a sí mismo como clemente y compasivo, paciente, lleno de amor y fiel (cf. Ex 34,6). En efecto en tiempos de Moisés, el pueblo de Israel fue infiel, traicionó al Dios único y verdadero, se hizo un becerro de oro al que adorar, cambiaron a Dios por un animal que come pasto. Sin embargo, Dios los perdona y renueva su alianza, los protege y acompaña a lo largo de un inmenso desierto hasta llegar a la tierra prometida. En la historia del pueblo de Israel podemos ver reflejada nuestra propia historia, una historia tejida con fidelidad e infidelidad, con pecado y perdón, con arrepentimiento y reconciliación. Por eso también nosotros podemos sentirnos perdonados.
El autor del salmo continúa su homenaje a la inmensa misericordia de Dios utilizando comparaciones.
Las primeras son dos comparaciones cósmicas, es decir, emplea elementos de la naturaleza de altura y de distancia.
Como la altura del cielo sobre la tierra, así es su amor.
Como está lejano el oriente del poniente, así aleja de nosotros nuestros crímenes.
Son dos imágenes elocuentes. La primera describe el amor de Dios, y así como el cielo se alza sobre la tierra, la cubre y acoge, así la misericordia del Señor respecto de sus fieles.
La segunda comparación describe el perdón. Dios aleja tanto de nosotros nuestros delitos que no nos manchan más, no se nos pegan, no cargamos con ellos; ni se ven, de lo lejos que quedan. Esta es una de las muchas metáforas del perdón en el Antiguo Testamento. Una imagen parecida usa el profeta Miqueas cuando dice: arrojará al fondo del mar todos nuestros pecados (Miq 7,19).
No obstante, las comparaciones cósmicas no le bastan al salmista. Sin duda, son impresionantes, pero les falta la emoción humana. Pasa, entonces, a utilizar la figura paterna para explicar quién es Dios.
Como un padre siente ternura por sus hijos, así siente el Señor ternura por sus fieles.

Sin lugar a dudas, una de las expresiones más altas que describen el corazón misericordioso de Dios es la parábola del Padre misericordioso (o del Hijo pródigo) de Lc 15,11-32. El repartir la parte de la herencia que les corresponde a los hijos, respetar la libertad de lo que decidan hacer con su dinero, asomarse a la ventana todos los días esperando el regreso del hijo, correr al encuentro del hijo, abrazarlo, besarlo, calzarlo con sandalias y vestirlo con ropas nuevas, colocarle su anillo y hacer fiesta por el hijo menor que ha recobrado con vida, así como también salir a hablar con el hijo mayor dándole explicaciones son gestos y actitudes que nos conmueven y que Jesús utiliza para revelarnos la figura paterna de Dios.
Jesús invita también a no quedarnos contemplando pasivamente la misericordia del Padre celestial, sino que nos llama a imitarlo: Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso (Lc 6,36).
El salmo se cierra con una invitación universal a bendecir al Señor. ¡Qué todos le bendigan!, esto incluye a los ángeles, a los ejércitos celestiales, a todas sus obras y, por su puesto, al alma humana: ¡Bendice al Señor, alma mía!

Padre Javier Rivas

Anécdotas

Un vaso de leche

  • 11 marzo, 20154 agosto, 2020
  • by svsl

Un día, un muchacho pobre que vendía mercancías de puerta en puerta para pagar sus estudios, encontró que solo le quedaba una simple moneda de diez centavos, y tenía hambre. Decidió que pediría comida en la próxima casa. Sin embargo, sus nervios lo traicionaron cuando una encantadora mujer joven abrió la puerta. En lugar de comida le pidió un vaso de agua.
Ella pensó que el joven parecía hambriento así que le trajo un gran vaso de leche.
El lo bebió despacio, y entonces le preguntó: ¿Cuánto le debo? -No me debes nada, contestó ella- Mi madre nos ha enseñado a nunca aceptar algo por una caridad.
El dijo: Entonces te lo agradezco de todo corazón. Cuando Howard Kelly se fue de la casa, no solo se sintió físicamente más fuerte, si no que también su fe en Dios y en los hombres era más fuerte.
El había estado listo para rendirse y dejarlo todo.
Años después esa joven mujer enfermó gravemente. Los doctores locales estaban confundidos. Finalmente la enviaron a la gran ciudad, donde llamaron a especialistas para estudiar su rara enfermedad. Se llamo al Dr. Howard
Kelly para consultarle.
Cuando oyó el nombre del pueblo de donde ella vino una extraña luz lleno sus ojos. Inmediatamente subió del vestíbulo del hospital a su cuarto. Vestido con su bata de doctor entró a verla. La reconoció enseguida.
Regresó al cuarto de observación determinado a hacer lo mejor para salvar su vida. Desde ese día prestó especial
atención al caso.
Después de una larga lucha, ganó la batalla. El Dr. Kelly pidió a la oficina de administración del hospital que le
enviaran la factura total de los gastos para aprobarla. El la revisó y entonces escribió algo en el borde y envió la
factura al cuarto de la paciente. Ella temía abrirla, porque sabía que le tomaría el resto de su vida para pagar todo losgastos.
Finalmente la abrió, y algo llamó su atención en el borde de la factura. Leyó estas palabras “pagado por completo
hace muchos años con un vaso de leche”, (firmado) Dr. Howard Kelly.
Lágrimas de alegría inundaron sus ojos y su feliz corazón oró así: Gracias Dios porque tu amor se ha manifestado enlas manos y los corazones de los humanos.

Anécdotas

Depende de quién son las manos

  • 11 marzo, 20154 agosto, 2020
  • by svsl

Una pelota de básquetbol en mis manos, puede ser algo divertido. Pero en las manos de Michael Jordán, es un juego maravilloso.
Todo depende de quién son las manos.

Una paleta y unos pinceles en mis manos, serían algo curioso. Pero en las manos de Miguel Ángel, sin duda serían una obra de arte.
Todo depende de quién son las manos.

Un lápiz en mis manos puede servir para poner mi nombre. Pero en las manos de William Shakespeare sirve para relatar y crear historias.
Todo depende de quién son las manos.

Una vara en mis manos podrá ahuyentar a un perro hambriento. Pero en las manos de Moisés, hizo que las aguas del mar se abrieran.
Todo depende de quién son las manos.

Una onda en mis manos sería tan sólo un juguete. Pero en las manos de David fueron un arma mortal.
Todo depende de quién son las manos.

Dos peces y cinco trozos de pan en mis manos, son un almuerzo para dos. Pero en las manos de Jesús, fueron el alimento de toda una multitud.
Todo depende de quién son las manos.

Unos clavos tomados en mis manos quizás podrían servir para construir una silla. Pero clavados en las manos de Jesús trajeron la salvación al mundo entero.
Todo depende de quién son las manos.

Manos hay muchas, pero las de Dios, son las únicas manos en la que podrás confiar y descansar con toda garantía. Vale la pena hacerlo.

“Si tu vida está en Sus manos, puedes estar tranquilo, porque estás en las mejores manos en las que se puede estar”

Anécdotas

Sacúdete y sal del pozo

  • 11 marzo, 20154 agosto, 2020
  • by svsl

Un día, el burro de un campesino se cayó en un pozo. El animal lloró fuertemente por horas, rebuznaba y rebuznaba mientras el campesino trataba de sacarlo sin éxito; finalmente, el campesino decidió que el animal ya estaba viejo, el pozo estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas, y que realmente no valía la pena sacar al burro. Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarlo. Todos tomaron una pala y empezaron a tirar tierra al pozo. El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró desconsoladamente, y se decía a sí mismo, esto me pasó por ser burro. Luego, para sorpresa de todos, se tranquilizó.

Después de unas cuantas paladas de tierra, el campesino finalmente miró al fondo del pozo y le sorprendió lo que vio… Con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble… Se sacudía la tierra y daba un paso hacia arriba. Pronto todo el mundo vio sorprendido cómo el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando… así, este gran animal le dio una buena lección a todos.

La vida va a tirarte tierra, todo tipo de tierra y tal vez tú mismo le tirarás tierra, no a la vida, pero sí a las personas. ¿En dónde me ubicaría yo?, ¿con quién se abate y se deja vencer?, o ¿con quién aprovecha la oportunidad y sale galopando como un percherón de fina estampa?

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