He estado pensando en una característica de Jesús que más me guste; y esta es que donde Él estuvo o pasó nada quedo igual a como estaba.
En donde había una enfermedad quedó salud, en donde había muerte quedó vida, en donde había pecado quedó su gracia, en donde había hambre quedó saciedad, en donde había confusión quedó claridad, en donde había tormenta quedó la calma, en donde había condenación quedó salvación y así podríamos seguir y darnos cuenta que era y es un Jesús de cambios.
Como mujer, sé que también donde nosotras pasamos, las cosas no quedan igual. Sin embargo, sería bueno pensar si esos cambios son para bien o para mal. Somos agentes de cambio pero ese cambio debe ser siempre para bien, para bendición de toda persona que nos rodea.
Es tan común llegar a una reunión de mujeres en donde alrededor de un café se manifiestan todas las quejas, todos los dolores, las frustraciones, todos los sin sabores del matrimonio, los conflictos con los hijos, la violencia del país, la muerte de un ser querido; en fin, un sin número de acontecimientos que traen dolor y tristeza a muchas mujeres.
Ante esto, ¿Qué ponemos nosotras? Dice que donde hay tristeza debemos poner alegría. Pero, ¿Será ésta nuestra actitud?, ¿Será que cuando las cosas están difíciles en casa, nosotras llevamos alegría?, ¿Les recordamos a los nuestros lo que dice el Salmo 31,7? “Tu amor me trae gozo y alegría”, o la invitación que nos hace San Pablo “estén siempre alegres”.
Acaso les hablamos a esas mujeres que hay un Dios que las ama inmensamente que ha dado todo por cada una de ellas y que puede traer alegría a sus vidas de la misma manera que nos la ha dado a cada una de nosotras y testificamos a un Dios vivo capaz de cambiar nuestro lamento en baile.
Para muchos parecerá locura y podrán pensar: ¿Qué le pasa si está pasando grandes dificultades y está alegre? ¡Está enferma y está alegre!. Pero nosotras sabemos que nuestra confianza está en el Señor y que de Él viene nuestra alegría, no la alegría que da el mundo y que es pasajera, sino la que viene de nuestro Dios.
Seamos como Jesús que por donde nosotras pasemos, a donde lleguemos, y en el hogar en donde el Señor nos ha puesto, podamos poner la alegría.
Hermana Griselda de Velásquez Guatemala
Oración Señor, tu eres mi amparo, mi fortaleza, la fuente de mi alegría, hoy quiero darte gracias por todas las bendiciones que derramas sobre mí, quisiera enuméralas pero seria imposible contarlas todas, quiero hoy poner mi mirada en ti, gracias por la alegría de sentirme hija tuya, amada por ti. Te pido que me regales un corazón alegre, una mirada alegre, una sonrisa con la cual pueda dar testimonio a mi familia, mis amigos, compañeros de trabajo que mi vida ha sido transformada por tu amor. Bendice cada palabra que salga de mi boca para que con ella pueda animar, dar vida y transmitir esperanza y alegría. Señor te pido para que cada día donde haya tristeza ponga yo la confianza de que tu estas entre nosotros y eres el mismo de ayer de hoy y siempre. El mismo que sana, que cura, que levanta, que reanima y que nos dice: ¡ánimo porque yo estoy contigo! Te lo pedimos en el nombre de Jesús con intercesión de María nuestra madre Amén.