Unos científicos realizaron un experimento. Tomaron unas moscas y las colocaron en frascos ventilados y con alimento, dejándolas en cuartos distintos. Las dos eran similares casi en todo: Mismo tipo de mosca, misma edad, mismas posibilidades biológicas de subsistir. La única diferencia fue que a una la dejaron en un cuarto totalmente obscuro, mientras que a la otra en un cuarto que tenía una pequeña entrada de luz.
La del cuarto obscuro vivió escasos momentos, mientras que la del cuarto con la entrada de luz, vivió por horas. El razonamiento de los científicos fue este: Lo que hizo vivir más tiempo a la mosca en el cuarto con escaza iluminación, fue su instinto que le indicaba que aún había más. La entrada de luz, de alguna manera, le mostraba que había algo distinto y claro fuera, mientras que la otra en total obscuridad, solamente se sabía viva por respirar.
La esperanza nos mantiene vivos. Vivos para ver que el perseguidor más encarnizado puede convertirse en apóstol. El joven y menudo pastor, en Rey. El hombre con dificultad para hablar, en un impresionante líder en el desierto; o ver a una jovencita que no conocía varón convertirse en la Madre del Redentor. La esperanza nos mantiene vivos para recibir el perdón, luego de haber negado al Señor y no ahorcarnos, creyendo que todo se terminó… cuando no es así.
Para guardar esperanza necesitamos estar claros en tres cosas:
Primero: Esperanza es estar seguro que Dios nos desea el bien y que ese bien al final será nuestro. Santo Tomás Moro, poco antes de su martirio consuela a su hija de esta manera: “Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor”. ¡Qué manera de esperar en medio de una situación difícil!, ¡Dios siempre tiene lo mejor para ti!
Segundo: debemos saber que cuando nos apropiamos de las promesas de la Sagrada Escritura suceden en nosotros dos cosas. Surgen la esperanza y la expectativa. La primera nos dice que lo que viene es bueno y que llegará. Lo segundo son los detalles que nosotros le ponemos a eso que vendrá. Es más humano. Permíteme aclararlo con un episodio bíblico. Cuando los magos de oriente buscaban al Rey de los judíos, guiados por su estrella, se detuvieron en Jerusalén, en el Palacio de Herodes. Por supuesto, si era el heredero de la realeza, debía nacer en el Palacio. Pero, error… su reino no es de este mundo. Al percatarse de su equivocación necesitaron reorientarse y continuar su búsqueda hasta encontrar al niño recostado en un pesebre, junto a su madre. Es allí donde se postran y le adoran (Mt 2, 1-12).
La esperanza era correcta: “Una estrella les guiará hasta el Rey de los judíos que está por nacer, al encontrarle póstrense y adórenle” lo que falló fueron los detalles. La expectativa. Escucharon Rey y asociaron Palacio. Si nuestras expectativas no se cumplen, no debemos perder la esperanza, únicamente es necesario reorientarnos en la búsqueda del cumplimiento de esta. Dios siempre cumple con nuestra esperanza, no siempre con nuestra expectativa, a no ser que sea la misma que la de Dios.
Tercero: es indispensable estar conscientes de en “Quien” esperamos. Dios es puntual. Habacuc escribirá en su libro “Porque tiene fecha la visión, aspira a la meta y no defrauda; si se atrasa, espérala, pues vendrá ciertamente, sin retraso” (Hab 2, 3) Puede ser que se retrase según nuestra expectativa, pero llega puntual en la de Dios. Dios siempre es puntual. Cuando hubo que entregar su vida por nosotros, estaba a las tres en punto en el Calvario para cumplir lo que había dicho. Podemos esperar en Él.
Davy, célebre por sus inventos y benemérito de los mineros, por la lámpara de su nombre, mandó escribir sobre su tumba este epitafio: “Espero”.
Para terminar, aquellos que confiamos en el Señor debemos escuchar lo que nos dice Concilio Vaticano II: “El mundo será de aquellos que sepan darle motivos de esperanza” Debemos ser mensajeros del bien y “Donde hay desesperación, poner esperanza”.
Hermano Marlon Cardona Guatemala
Oración Señor, te doy gracias porque eres un Dios grande todo poderoso, que siempre esta a nuestro lado. Te pedimos hoy con todo nuestro corazón que nos llenes de esperanza, sobre todo en las situaciones duras, contrarias, tristes y desalentadoras de nuestras vidas. Permite Señor, que nuestra mirada este siempre en ti, confiando en tu palabra y en tus promesas, sabiendo que estamos en tus manos y que ha tu lado todo pasa para bien. Envíanos la fuerza de tu Santísimo Espíritu, para trasformar la desesperanza en esperanza en mi propia vida y en la vida de las personas que me rodean, gracias Señor, porque sé que eres un Dios amoroso que siempre esta pendiente de sus hijas. Todo esto lo pedimos en el nombre poderos de Jesús con intercesión de María nuestra madre Amen.