En este mundo todo tiene su hora; un momento para todo cuanto ocurre. (Eclesiastés 3,1)
Es el recurso más valioso que poseemos. Nunca regresa. Algunos piden un poco más de èl al ver acercarse a la hermana muerte. Otros piden se extienda cuando la están pasando súper bien, e inclusive quisieran que se detuviera (hasta se han escrito canciones sobre esto). Algunos quisieran que pasara un poco mas rápido, pero esto es cuando tienen alguna angustia demasiado grande y creen, que si èste pasa, con èl pasarà dicha preocupación. En fin todos lo poseemos actualmente de la misma forma. Es un recurso dado para todos de la misma manera: El tiempo.
Debido a lo valioso que es este recurso y porque queremos aprovecharlo al máximo, muchas veces tendemos a administrarlo, según nosotros, tan bien… pero tan bien, que termina haciéndonos falta y no disfrutamos lo que lleva consigo, como es debido. Cuando se es mujer esta situación aumenta, ya que por tener la capacidad de administrar y organizar varias cosas a la vez en su cerebro, terminan pretendiendo llevar a la práctica todas estas cosas también en el tiempo… y muchas veces no es posible, ya que casi todo toma más tiempo del que originalmente se piensa.
El libro del Eclesiastés cuando nos habla de èl nos dice que todo tiene su tiempo y su momento bajo el sol y luego de una lista de acontecimientos que lo conllevan, nos afirma que Dios todo lo hizo “hermoso” en su tiempo. A ver. Veámoslo despacio. ¿Quiere decir que no puedo hacer todo lo que quiero? No. Simplemente nos dice que todo tiene su tiempo. Así como todas las cosas tienen su espacio, y al ordenar colocamos todas las cosas en su lugar. Todo también tiene su tiempo y si nos ordenamos, encontraremos un tiempo para cada cosa. De hecho, al ordenar hay ciertas cosas que terminamos desechando porque ya no son útiles. De igual manera, en la administración de nuestro tiempo debemos saber que hay cosas que aunque quisiéramos hacer, no las debemos o podemos hacer.
El mismo Dios que es el “eterno presente”; Va realizando la creación poco a poco. Si… leyó bien: poco a poco. El libro del Génesis nos muestra el relato de los siete días de la creación y en èl, Dios quiere enseñarnos algo: inculca la santificación del sábado (Sabat: descanso) a lo cual usted probablemente reaccionara: ¡Descanso! ¡Como es posible! ¡No se lo puedo creer! Pero así es. También ofrece una visión de la duración del proceso en que poco a poco se completa el universo, además, còmo el Señor va insertando a sus criaturas progresivamente en el tiempo; poco a poco se va llenando el marco, cual nido, que acogerá finalmente al hombre, cuya aparición dará sentido a todo lo que le había precedido.
Se que queremos hacer muchas cosas y pensamos que el tiempo es apremiante. Pero no olvide que no por mucho madrugar, sale más temprano el sol… o nos abren antes el supermercado. ¡Bástale a cada día su propio afán! (Mt 6, 34) Dios es Dios y El se tomó su tiempo para la creación la creación. No se afane… tómese su tiempo.
Oración
Gracias Señor por el don de la vida y por el tiempo que me permites compartir contigo y todos mis seres queridos. Perdóname por los momentos en los que he estado demasiado ocupada para disfrutar de la dulce comunión que viene de pasar tiempo a tu lado. Ayúdame a equilibrar mi vida y mi tiempo con sabiduría y con cuidado, permíteme establecer un orden en las actividades que realizo a fin de que con cada una de ellas pueda glorificar tu nombre. En el nombre de Jesús y por intercesión de María nuestra madre. Amén.