LA PARABOLA DEL SEMBRADOR
En esta ocasión queremos destacar una de esas tantas parábolas de Jesús: “El Sembrador”(Mc 4, 3-8). Una parábola que se puede leer por fragmentos y encontrarle la enseñanza, Puede ser leída en su conjunto y encontrar la enseñanza de conjunto. La parábola nos coloca de frente a un sembrador que con esperanza deja caer la semilla en cuatro lugares del terreno de siembra, con el fin de que esa semilla valla creciendo hasta dar fruto. Sin duda que la parábola acentúa los cuatro lugares o terrenos: el del camino, el de las piedras, el de los espinos y maleza, como la buena tierra. La semilla sembrada en buena tierra crece y da fruto. Primera invitación que nos hace la parábola: ser buena tierra, que es aquel que escucha la Palabra, la hace suya y la pone en práctica.
La lectura de la parábola en esta perspectiva de cada terreno puede ofrecernos una enseñanza en diferentes situaciones de la vida en que nos encontremos:
1. El terreno a lo largo del camino son las personas que en su vida cristiana escuchan la Palabra, pero fácilmente les es arrebatada o quitada por otros personas que no quieren que se crezca en la fe, en la fidelidad al Evangelio, y por tanto, no se llega a la experiencia de que la palabra sembrada pueda crecer y dar fruto abundante. De este tipo de terreno tenemos en abundancia en la Iglesia y por ello vemos la prontitud que la que dejan su fe y siguen otras propuestas.
2. El terreno pedregoso son los cristianos que escuchan la Palabra de Dios, la reciben con alegría y se entusiasman por un tiempo. Al no profundizar y formarse adecuadamente no echan raíces y cuando vienen los problemas y obstáculos en la vida se desaniman. En nuestra Iglesia carecemos de profundización en los diferentes aspectos de nuestra doctrina y de la Sagrada Escritura y por ello varios de nuestros fieles son convencidos de que esta no es la verdadera Iglesia o el camino correcto.
3. El terreno con abrojos o mala hierva son los cristianos que escuchan la palabra de Dios, permanecen en la comunidad con cierta alegría y van echando raíces. Se comprometen pero no completamente y siguen a Jesús de manera superficial. La hierva mala que está a su alrededor, que puede ser las preocupaciones y tensiones de este mundo en todos los campos ya sea económico, político, social, cultural, familiar… les invaden y ahogan. Hoy en día éste es uno de los problemas centrales que viven nuestros fieles y que les impiden estar atentos a la profundización en su fe y a estar concientes que el mundo busca ahogar la semilla que ha sido sembrada por Dios en nuestros corazones. Trabajar en este campo es una necesidad apremiante para todos los líderes de la iglesia.
4. La tierra buena son los cristianos que recibieron la Palabra y el llamado del Señor. Enfrentaron las diferentes problemáticas y fueron echando raíces. Enfrentaron la adversidad y no se dejaron ahogar por ella. Continuaron su formación constantemente y con responsabilidad. Cuidaron de la semilla, la regaron y fueron quitando de sus vidas todo mal. De esa forma llegaron a dar fruto y siguen dando cada día más.
Pero también la parábola es alentadora, pues al leerla de conjunto podemos apreciar que como cristiano(a) somos el terreno a la orilla del camino, pero al entrar en nuestro proceso de conversión, vamos pasando a ser un terreno que tiene piedras y las vamos quitando, Lugo que tiene maleza y la cortamos y llegamos a ser buena tierra y dar fruto en abundancia. El cristiano llega a ser buena tierra en la medida que sigue el proceso y se da cuenta que la fe es seguir a Jesús toda la vida. La parábola nos deja estas dos ricas enseñanzas: hay que ser buena tierra y también recibir la buena semilla para dar fruto.
Fr. Carlos Portillo.