Sin duda alguna, este es un salmo que se escribe en un momento donde el autor está lleno de mucha confianza y esperanza en la vida y en el futuro. Contempla el final de su vida terrenal para entrar a la vida verdadera y por eso la expresión más hermosa que se puede resaltar en él es:
“ Es tu rostro, Señor, lo que yo busco”
“es la bondad del Señor la que espero ver donde moran los vivos” .
Es un salmo en donde el Rey David expresa la gratitud que hay en lo profundo de su corazón y exalta al Señor por la salud que tiene, por la protección, el amparo, la fuerza tan amorosa y la seguridad y confianza que tiene en Él, siente su amor y por ello afirma: ¿ante quién puedo yo temblar? Quiero invitar en esta oportunidad a todas nuestras hermanas a confiar en el Señor a pesar de la situación que pudieran estar viviendo, y a preguntarse, como leí en algún libro, ¿Por qué le pasan cosas malas a la gente que es buena? En esa lectura encontré una palabra clave: inconformidad. Y es que queremos estar donde no estamos, tener lo que no tenemos y ser lo que no somos, siempre la búsqueda hacia Dios, va con quejas y desamparos por vivir en soledad. Sin embargo, este salmo nos va a enseñar a sentirnos como unos polluelos bajo las alas de mamá gallina cuando se ven atacados por un gavilán. Cuando tienes a Dios no puedes sentirte ni sola, ni abandonada y la expresión más sensata para una mujer cristiana sería: Si mi padre o mi madre me abandonara siempre me sentiré acogida por mi Señor (Sal. 27,11). Entonces, a las cosas malas podríamos cambiarles de nombre y decir únicamente “son pruebas”. Recordemos que seremos probados como el crisol, como el oro puro, somos los que debemos pasar por el horno para comprobar que verdaderamente permanecemos fieles al señor y esas pruebas al final nos harán merecedoras de gozar en la casa de Dios “Una cosa al Señor, sólo le pido, la cosa que yo busco es habitar en la casa del Señor mientras dure mi vida, que yo pueda gozar de su dulzura y contemplar su templo”. Porque Él me dará asilo en su cabaña en día de desgracia; me guarda en el secreto de su tienda, me alza sobre la roca. (Sal 27,4) Esta expresión nos lleva a recordar aquel pasaje tan triste que tuvo que vivir el rey David ante la traición de su propio hijo: haberse vuelto su rival, haber puesto todo un ejército hasta volverse su enemigo. imagino qué dolor pudo haber sentido al tener que defenderse de él, haberse sentido perseguido y haber guardando en su corazón el verdadero sentimiento de amor como padre, tener que estar en un mundo de guerra y guardar en su corazón ese sentimiento de padre y la esperanza de volver a ver a su hijo. Arrodillándose delante del rey, Ajimás le dijo: “Oh rey, bendigamos a Yavé, tu Dios, porque destruyó a los que se rebelaban contra ti.” David preguntó: “¿Está bien el joven Absalón?” llegó otro mensajero, el cusita, diciendo: “Oh mi rey, ¡buenas noticias! Yavé te hizo justicia y te libró de todos tus enemigos.” David le preguntó: “¿Cómo está el joven Absalón? El cusita contestó: “Que tengan la suerte de ese joven todos los enemigos de mi señor, el rey”. (2da. Samuel 18,28-32 19,6-8 ) Todo este pasaje refleja una victoria y a la vez una tristeza, porque si recordamos, Absalón su enemigo, era su propio hijo y la noticia aunque le trajo el llanto la debía vivir como una alegría, ¿sabes quién lo trajo a la reflexión?…. Joab cuando le dijo: “Hoy llenas de vergüenza a todos los que lucharon por ti, hoy has mostrado lo poco que te importan tus soldados. Por ello, levántate, sal y agradece a tus soldados, que si no sales, te juro por Yavé que esta misma noche no te quedará ningún soldado y será la peor de tus desgracias y te quedarás solo, por ello, levántate, sal y agradece.” ¿Qué te dice a ti? Claro está, si el Señor libró e hizo triunfar al Rey David a pesar de su infidelidad, atendiendo su arrepentimiento, protegiéndolo hasta de la persona más cercana que se volvió contra él, cómo no te va a proteger a ti. ¿Cuál debería ser nuestra actitud? Cantar, danzar, alabar a Dios por todo lo que ha hecho por nosotras y no aferrarnos a nada más que saber que Él será nuestro protector y que solo en Él nos podemos refugiar. Mientras llegamos a su morada y vemos su rostro, estará guardándonos de nuestros enemigos. Amén
Betty Fajardo