Al reflexionar en este salmo podemos notar desde el inicio del mismo, que el salmista eleva una oración llena de fe y certeza en la protección que Dios tiene sobre todo creyente. Ahora el versículo 10, es más específico sobre el cuidado que Dios tiene en cuanto al peligro de cualquier índole, ya que ha puesto un ejército de ángeles para que tengan cuidado de nuestra vida y de nuestra casa, sin importar quienes acechen alrededor, Él pone su mano poderosa y detiene a las fuerzas del mal. Imagínate la fuerza de su protección al punto que ni plagas, ni peligros de ni ningún tipo entrarán a nuestra vida ni a nuestro hogar. Ahora bien, hay algo que debemos tomar en cuenta, está escrito que esa protección será infinita para todos aquellos que se mantengan en el camino que Dios ha elegido para sus hijos, de lo contrario estaríamos expuestos a todo peligro, sin cuidado ni protección. En el Antiguo Testamento, el libro de Deuteronomio nos habla de las bendiciones de Dios a un pueblo que sabe escuchar: “Ahora bien si tu obedeces de verdad la voz del Señor, tu Dios practicando y guardando todos los mandamientos que te prescribo hoy, el Señor te levantará por encima de todas las naciones. Entonces vendrán sobre ti todas las bendiciones siguientes. Por haber obedecido a la voz de Dios”. Importante esta última estrofa que recalca que la bendición y protección viene por haber obedecido a Dios. Observen que en primer lugar, desde hace mucho tiempo Dios, viene instruyendo al hombre y a la mujer sobre un camino de cumplimiento de mandatos, el problema es que no sabemos escuchar esa voz, el Shemá que en hebreo quiere decir “escuchar”. El escuchar es poner en práctica y guardar en el corazón, recordemos el texto: “Dichosa la mujer que te dio a luz y los pechos que te amamantaron”, y Jesús agrego: “Dichosa la mujer que escucha la voz de Dios y la pone en práctica”. Como vemos, en el Nuevo Testamento se sigue sosteniendo el trato para con Dios: “La fidelidad trae bendición en la vida de las personas y la alcanzan sus generaciones. Dt 28,3. A qué bendiciones se refiere: Bendito serás en la ciudad y en el campo = En tu país o en el extranjero. Bendito será el fruto de tus entrañas = Tus hijos, tus nietos y bisnietos. Bendito el fruto de tu tierra = Tu trabajo, empresa, negocio Las crías de tus burras, el parto de tus vacas y ovejas = Todo lo que te pertenezca será próspero Benditos tus graneros y donde guardes tus frutos = Todo lo que siembres, todo lo que hagas estará seguro Benditas tus acciones desde el principio hasta el fin = Nada quedará sin recompensa, ni en el olvido. Y aún más, promete que todo aquel que se ponga en tu contra Él lo va a derribar y lo pondrá a tus pies. Hermana: en el lugar donde te encuentres dice Yavé Dios que no quedarás desprotegida ni abandonada, a donde vayas el pan no te faltara y tus buenas acciones no serán olvidadas y mucho menos quedarán sin recompensa, Él se compromete a bendecir tus graneros y tus generaciones. AMÉN Tú hermana en Cristo
Betty Fajardo