Jesús decía: -“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Lc 23, 34
Querida amigo que te acercas a esta sencilla reflexión sobre San Lucas, es importante que recuerdes en este texto el momento terrible y tierno a la vez en que Jesús desde la cruz perdona a sus verdugos.Jesús está en una situación máxima de agonía y, sin embargo, en lugar de hacerse la víctima, en lugar de volcar sobre sí la mirada, se conmueve por sus verdugos y lejos de señalarlos, condenarlos o despreciarlos, eleva una oración para que puedan ser perdonados por lo que están cometiendo, incluso disculpa su acto atribuyéndolo a la ignorancia, “no saben lo que hacen”.
En algunas ocasiones querido amigo, también te puedes sentir rodeados de verdugos, de miradas que te señalan y condenan, o de personas que hablan mal de ti, quienes con chismes e ironías te causan profundo dolor, sobre todo, de aquellas que se dicen tus amigas, y ¿cuál va a ser tu actitud?, ¿la de venganza?,¿la de una mirada de odio?, ¿o serás capaz de pedir por ellas yde rogar a Dios que les perdone todo aquello que han hecho a tu persona?Jesucristo como verdadero Dios perdona, y con ello garantiza aquella acción maravillosa y divina sobre cada uno de nosotros pecadores, Él es fiel y no falla en su perdón, “Dios es presentado siempre lleno de alegría sobre todo cuando perdona” (Misericordiae Vultus # 7), siempre tiene esa actitud de apertura y de recibirnos, y es que Jesús con su postura en la cruz, con sus brazos abiertos, a quien le busca, lo único que puede hacer, es abrazar, dar amor, ternura, misericordia, a pesar de nuestros pecados.
Con este texto el Señor nos da un ejemplo muy claro de aquella actitud cristiana que debemos practicar diariamente, el perdón, la paciencia, la capacidad de comprensión a las actitudes del otro, la actitud de oración ante quienes nos hacen daño.
Precisamente la palabra misericordia encierra todas estas actitudes profundamente cristianas, pero de fondo es aquella disposición hacia el prójimo que nos hace amarle, servirle y ver en él, el rostro de Jesús.
El perdón divino nos mueve a perdonar, precisamente en la confesión se verifican muchas incoherencias, pues la persona dice: “vengo a que Dios me perdone”, pero luego al ir contando sus pecados llega a afirmar: “pero eso no puedo perdonarlo padre…”, y bueno, en ese momento es responsabilidad nuestra como ministros del perdón de Dios hacerle ver su incoherencia, pues pide perdón pero no está dispuesto a darlo. Muchos no captan esta incoherencia y consideran que deben ser comprendidos y basta.
Hay heridas y circunstancias que, si bien es cierto no se pueden perdonar fácilmente, no podemos negarnos a hacer el esfuerzo de lograr ese perdón, y en esos casos se debe entrar en un serio y constante proceso, en donde a través de los sacramentos, la vida de oración, etc. se va poniendo en las manos del Señor esa herida o circunstancia, y en su gracias y poder, Dios irá actuando en nosotros para poder arrancar esa costra dolorosa del odio y del rencor.
Lograr sacar de nuestro corazón odio y rencor, al final permite la libertad espiritual y profunda que todo ser humano busca.Padre Manuel Armando Abac