Pero Esaú corrió a su encuentro, lo abrazó, se echó a su cuello y lo besó, y los dos se pusieron a llorar. Gn 33,4
La historia de José “el soñador”, que vive una realidad difícil, temprano en la vida crece entre el amor de su padre y el odio de sus hermanos, a los 17 años es abandonado en una cisterna, vendido como esclavo, luego en la cárcel y, por último, por la providencia de Dios interpretando los sueños del faraón, llega a ser el administrador de Egipto, hasta allí su vida tiene un giro enorme, pero llega un momento crucial , han pasado 7 años de bonanza y van por el segundo año de escasés cuando José tiene un encuentro con sus hermanos, ahora él tiene 39 años y tiene un gesto impresionante, el poder perdonar a sus hermanos después de todo lo que le ha tocado vivir, los perdona, los abraza, los cuida, y les habla con afecto.
Siempre ha sido destacado el amor, la misericordia, que José manifiesta a sus hermanos.
Pero hay un dato en la Escritura muy importante, el libro del génesis nos relata la historia de otros hermanos que se reconcilian, Jacob y Esaú, enemistados muchos años porque Jacob primero, aprovechando el hambre de su hermano, le cambió la primogenitura por un plato de lentejas, luego aprovechando que su padre Isaac ya estaba anciano se disfrazó y se hizo pasar por su hermano mayor y le robó la bendición paterna. Ante eso Esaú se encoleriza y busca a su hermano para matarle, pero este escapa y se va donde un pariente lejano llamado Labán, en este trayecto tiene un encuentro con Dios en Betel y su vida cambia para siempre, Dios le bendice, Jacob prospera, se casa, tiene hijos y cuando todo le va de maravilla, Dios le pide regresar a su tierra, prometiéndole que le acompañara. Así es como llegamos a este momento.
Génesis 33,1-7 cuando Esaú se entera que su hermano viene de regreso, sale con 400 hombres, que no era precisamente un comité de bienvenida, sino que viene a tomar venganza de su hermano.
Cuando Jacob le ve se inclina siete veces hasta llegar donde su hermano, esto era un signo de humildad y al mismo tiempo de súplica de perdón. Al ver este gesto, Esaú aparta la cólera, el enojo, los deseos de venganza que sentía contra su hermano y corre a su encuentro, lo abraza, se echa a su cuello, lo besa y llora con él.
Ante el arrepentimiento de Jacob, Esaú perdona sinceramente a su hermano, pero hay algo más, la familia de Jacob fue pasando delante de Esaú y el versículo 7 dice que al final pasó José y su madre Raquel y también se inclinaron ante él.
José siendo un niño observa como su papá y su tío, después de estar enemistados durante muchos años, se reconcilian, se perdonan y se abrazan. A su tierna edad recibe una enseñanza que quedará grabada para toda su vida y cuando él vive con sus hermanos ocurre algo similar, le llega el momento de reconciliarse y perdonar a sus hermanos.La escuela del perdón, eso no se aprende en el colegio ni en la universidad; se aprende en el hogar, en la vida cotidiana, dejemos a quienes vienen detrás de nosotros la herencia del amor, de la misericordia, del perdón, de la reconciliación.
Muchas veces lo que dejamos detrás de nosotros es una herencia de envidias, rivalidades, calumnias, engaños, enojos, iras, venganzas, y transmitimos esto de una generación a otra, llevándolos a vivir a una familia y a una sociedad donde hay tanto dolor y sufrimiento por la falta de perdón.
Hoy el Señor Jesús nos invita, como Jacob, a tener un encuentro personal con Dios, pues necesitamos de un poder, de una gracia, de un amor, de una misericordia que va más allá de nuestras fuerzas y capacidades. Con el amor de Dios puedo amar, con el perdón de Dios puedo perdonar, con la misericordia de Dios puedo tener misericordia hacia los demás. Con esta fuerza ya podemos atrevernos a regresar para pedir y dar el perdón.Dispuestos a dar ese enorme paso de no dejar que las cosas se queden así como están y sigamos distanciados o enemistados, busquemos la paz, la alegría, el deseo de convivir nuevamente con la familia, hermanos y amigos. Rompamos esa cadena de odio que se vive en la sociedad.Dejemos detrás de nosotros el mejor recuerdo, el recuerdo de alguien que se atrevió a ir más allá y estuvo dispuesto a sanar las heridas y las relaciones, con la disposición de empezar de nuevo.
Hay quienes nos están observando, atrévete a vivir una vida diferente y así, sin importar lo que hemos dejado escapar con el correr del tiempo y a pesar de los años, nuestros hijos dirán: “mis padres un día cambiaron y fueron diferentes”, eso quiere decir que nosotros también lo podremos hacer, cambiar y lograr un mundo mejor.
Con el amor del Padre, en el nombre de Jesús, con el Poder del Espíritu Santo y la intercesión de María Santísima, rompamos herencias destructivas y maldiciones que se han pasado de una generación a otra.
Empecemos un nuevo ciclo, una nueva etapa, un nuevo tiempo. Hoy nos toca a nosotros, para que quienes vienen detrás de nosotros reciban un mundo, una familia, una iglesia mejor.
José viendo a su padre y a su tío, cuando a él le llegó el momento, siguió y puso en práctica el ejemplo aprendido.
Te ha llegado el momento, sé misericordioso, pide perdón y ofrece el perdón y perdona.Hermano Pedro Guzmán