Se puso en camino y se fue a casa de su padre. Cuando aun estaba lejos, su padre lo vió y profundamente conmovido, salió corriendo a su encuentro, lo abrazo y lo cubrió de besos. Lc. 15:20
Dios es Padre pero, sobre todo, madre, escribió el Santo Juan Pablo II y de esta manera expresa a través de una realidad humana la autoridad, la protección, la ternura y más que nada el amor de Dios. “¿Acaso olvida una madre a su niño de pecho, y deja de querer al hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré”. Isaías 49:15
En distintos momentos y circunstancias de nuestra vida hemos experimentado la protección del Padre en los momentos de peligro, así como la providencia en nuestras necesidades cotidianas y en situaciones muy específicas como el proveernos del trabajo que estábamos buscando o de la salud cuando estuvimos enfermos.
El año pasado mi esposa y yo oramos al Señor para que le otorgaran un asenso en la institución donde laboraba, pensamos que después de varios años de trabajar mostrando un buen desempeño y contar con las competencias y méritos suficientes era tiempo para que le otorgaran una posición mejor. Oramos y esperamos en Él. La respuesta la obtuvimos pocos meses después aunque no en el lugar que nosotros pensamos. Podemos decir que somos testigos del poder de Dios y nos sentimos verdaderamente bienaventurados sin mérito alguno, porque Él ha querido derramar su amor en nuestros corazones, a través de su Santo Espíritu. Rom 5,5
Seguramente te preguntas ¿Cómo puedo alcanzar esas bendiciones? Dios, busca en ti una relación de papá a hija, que se logra a través de un encuentro personal y un vínculo permanente con Jesús, esto me hace recordar a una amiga que me confesó que entre ella y su papá siempre existió una muy buena relación y que cuando asistió a un retiro le fue muy fácil llamar a Dios, PADRE.
Jesús llamó al Padre ABBA, que en nuestro lenguaje puede interpretarse como “apito”, término con el cual una niña se dirige a su papá, signo de confianza, cercanía, familiaridad, y, fundamentalmente, de amor. Fue tal el impacto que esta expresión causó en los contemporáneos de Jesús, que la escribieron en arameo, la lengua original y hasta la fecha así se conserva en la Biblia. Claro, en una cultura donde Dios se conceptualizaba lejos, allá en lo alto de los montes, era un verdadero atrevimiento llamar a Dios, papito. Sin embargo Jesús, nos muestra de esta manera cómo debe ser nuestra relación con el Padre.
Si tu experiencia no es en nada comparable a estas que te comparto. Con mayor razón Dios quiere ser el papá que nunca tuviste, Él te ama y te dice: “yo estoy contigo”.
Volviendo al relato del evangelio, ahí se narra que cuando el hijo todavía estaba lejos, su padre lo vió y, conmovido, salió corriendo a su encuentro. Podemos deducir que lo estaba esperando. El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero, 1 Jn 4:10 Cuando lo buscamos, Él nos ha buscado antes, cuando llegamos Él nos está esperando.
El relato del Hijo Pródigo, que nos muestra San Lucas, viene a revelar el rostro de la misericordia y del amor de Dios, un Dios que ama y perdona. A quien no le importó lo que su hijo había hecho, lo lejos que estuvo o lo que había perdido. Le importó el hijo que regresó a su casa. Nosotros, en cambio, somos implacables con las personas que han equivocado el camino y hasta llegamos a tener poca misericordia con nosotros mismos, esto nos limita a acercarnos al Padre, y nos impide experimentar ese abrazo cálido que transmite amor, seguridad y perdón.
Quiero concluir este artículo dándote un consejo:vuélvete a Él y deja que Dios sea para ti ese buen Padre.
Víctor Hugo Velásquez