Sentirnos victoriosos no significa que todo sale bien, sino que superamos con actitud de esperanza y fe lo que resulta mal. La victoria nos viene del Señor, es Él quien nos fortalece, nos enriquece con los dones necesarios para salir adelante de las adversidades, pues así afirma el verso 33: “El Dios que me ciñe de fuerza y hace mi conducta irreprochable”. Quien mejor puede equiparnos con fuerza y fortaleza, es el Señor, es más, este es uno de los dones del Espíritu Santo, por ello, nuestra vida que frecuenta los sacramentos, se renueva con el don de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Cómo poder vencer la tristeza, la depresión, la angustia, la zozobra, si no es por la fuerza que viene del Señor, nos equipa de tal manera que somos más que vencedores. Nuestro verdadero enemigo y agresor es el mal, el pecado, las tentaciones, a ellos se refiere el Señor cuando dice: “… somete bajo mi pie a mis agresores, pone en fuga a mis enemigos…”(verso 40 y 41). Victoria significa lograr poner en fuga, expulsar todo tipo de negatividad, de pesimismo, de venganza, odio y rencor, para que habite en nuestro corazón el reconfortante sentimiento de perdón, bondad y paz. La mayor lucha está al interno del corazón de cada hombre, y es allí donde se dan las más grandes victorias, derrotando al mal, para que prevalezca el bien. Por lo tanto, de Dios me viene la fuerza que me impide rendirme, quebrarme, la victoria cristiana, es seguir de pie cuando todo se derrumba, como María, vence al seguir de pie al lado de su hijo aunque Él muere en la cruz, es allí la auténtica victoria, pues en la cruz aparentemente todo terminaba, pero al contrario, todo iniciaba; en ese lugar de suplicio, Jesús no era derrotado sino que Él derrotaba al pecado y a la muerte. La victoria es mantener la paz cuando todos están en guerra, es perdonar cuando todos planean venganza, es abrazar cuando todos rechazan, es vida cuando todo grita muerte, es levantar la bandera de la paz, cuando todos levantan la espada, es acariciar cuando todos hieren. Todas como un ejército del bien, iniciemos la victoria del amor por encima del odio y cambiemos juntos esta sociedad derrotada por el pecado en una sociedad victoriosa, en la civilización del amor.
P. Manuel Abac