SALMO 1
Escribo esta meditación, después de escuchar que el Papa Francisco en su discurso a los religiosos, religiosas y sacerdotes en Brasil les dijo: “abran las puertas, no solo para que entre la gente, sino para que nosotros salgamos a buscar y traer a la gente”, sobre todo, el ir a buscar a aquellos que se nos fueron. Esta es realmente, una imagen del buen pastor, aquel que va en busca de la oveja perdida. Por eso el salmo 1 nos dice: “Dichoso quien no acude a la reunión de los malvados ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la sesión de los arrogantes; sino que su tarea es la ley del Señor y susurra esa ley día y noche” (vv 1-2) O sea que no hay tiempo para detenerse en estas cosas, donde al mal se le dedica tanto tiempo, cuando hay una necesidad tan urgente como la de proclamar la ley de Dios: “amarás al Señor tu Dios y al prójimo como a ti mismo”, en esto se resume la ley de Dios. “Será como un árbol plantado junto al río, que da fruto a su tiempo, su fronda no se marchita; en todo lo que hace prospera” (v 3). Esto es estar al lado de la fuente, donde continuamente se nos invita a beber, muchas veces andamos mendigando agua de otras fuentes, cuando en nuestra propia fuente hay un manantial de agua. Poder ver adentro de nosotros mismos, y descubrir en esa profundidad la presencia de Dios, como la descubre el árbol junto al río. Lastimosamente, en la sociedad moderna, el hombre ha vuelto a las cavernas, se ve a sí mismo como impenetrable y lejano del prójimo. Quizá el purificar nuestra buena y correcta relación con Dios, nos hará llegar de otra manera para ir hacia el prójimo, para ir a buscarlo. Cosa que “no sucede así con los malvados, serán como paja que lleva el viento” (v 4), como el viento que se lleva la casa construida por terquedad sobre la arena, sin cimientos, sin profundidad. Aunque el mal se crea poderoso, somos nosotros quienes le damos el poder, pero no nos imaginamos cuánto poder tiene el bien, el cual siempre prevalece sobre el mal, pero nuestra mirada debe estar en Dios, aún en medio del huracán y del viento. “Por eso los malvados no se levantarán en el tribunal, ni los pecadores en la asamblea de los justos” (v 5), porque la vida y el testimonio hablan por sí solos, el que hace el bien será feliz y tiene la certeza de vivir frente a Dios; aunque el malvado sabe el mal que hace, esa es su misma trampa cuando se pone frente al bien. No pelea, no lucha, no combate, porque el mal desde un inicio ha sido vencido, sabe que lleva las de perder, de ahí su insistencia en volver a ponerse arriba, pero es una naturaleza que no vuelve atrás. “Porque el Señor se ocupa del camino de los justos, pero el camino de los malvados se disolverá” (v 6), así como comencé así voy a terminar. En la Jornada Mundial de la Juventud (2013) el Papa Francisco dijo a los jóvenes: “no tengan miedo”. Estas palabras del Papa resuenan en todos nosotros, porque el mal busca hacer surgir el miedo, no se dejen llevar por la corriente de lo fácil, sino todo lo contrario, “remen mar adentro”, como se dice en la vida popular, contra viento y marea, porque la barca donde vamos es segura y el lugar de destino es tierra firme, con el Señor en nuestra vida, no habrá miedo, más bien, se podrá dormir cómodamente, como dormía el Señor en la barca con sus discípulos. Queridas hermanas, mujeres a las que esta agenda llegará a sus manos: “remen mar adentro y no tengan miedo, porque dice el Señor: Yo estaré siempre contigo hasta el final de los tiempos”, recuerden que Dios siempre cumple sus promesas. Bendiciones para todas.
Fray Edwin Alvarado Segura OFM Religioso franciscano