Entonces Jesús les dijo esta parábola: – ¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar a la descarriada hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros llenos de alegría, y al llegar a casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: “¡Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido!” Pues les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Lc 15, 3-7
Así lo relata el evangelio de San Lucas 15: 1 Todos los recaudadores y los pecadores se acercaban a escuchar. 2 Los fariseos y los doctores murmuraban: -Este recibe a pecadores y come con ellos. 3 Él les contestó con la siguiente parábola: 4-Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el páramo y va tras la extraviada hasta encontrarla? 5 Al encontrarla, se la echa a los hombros contento. 6 se va a casa, llama a amigos y vecinos y les dice: Alegraos conmigo, porque encontré la oveja perdida. 7. Os digo que lo mismo habrá en el cielo más fiesta por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse.
En este mundo materialista, calculador, mercantilista, ventajista y hasta abusador, la misericordia, la compasión y el perdón no es un tema muy popular, tampoco presenta grandes beneficios; es más, basándonos en aquel famoso refrán “más vale pájaro en mano que cien volando” la presente parábola es totalmente contraria al pensamiento egoísta e interesado del ser humano. Pero Jesús interviene en el rumbo de nuestras vidas, para presentarnos el pensamiento de Dios, mostrarnos la misericordia de un rey pastor que cuida sus ovejas, que sale a pelear para rescatar a una de sus ovejas. El pastor ha dejado a 99 ovejas seguras, pero se esforzará por encontrar a la extraviada, se arriesga por el 1% de su propiedad, pero la oveja, es más que una posesión material, existe un vínculo personal, conoce su nombre, y al escuchar su voz, grita desesperada por ser hallada, no importa el esfuerzo realizado por este buen pastor, que al rescatarla la lleva en sus hombros y se alegra levantando a este corderito, llevándole junto a su pecho, atendiéndole como a recién nacido.
Cuando se compara la alegría de encontrarla, es una alegría desproporcionada, pues supera al sentimiento de tener seguras a las 99 restantes, será por el desafío de encontrarla, será que cada minuto que pasa sin ella, su ausencia duele más, será que cada paso que da, le acerca no solo en distancia sino en la alegría de volverla a ver. El corazón del pastor palpita aceleradamente, porque sabe que si no la encuentra pronto, la perderá para siempre, el campo está lleno de peligros para la oveja, sin el pastor, la oveja está perdida, agoniza sin su voz, sin su guía y sin su presencia. Seguro que la oveja baló, gritó, clamó y el pastor al escuchar su sonido la visualiza, sus ojos se llenan de lágrimas, ahora nada le impide al pastor tenerla junto a él. Toda su atención, todo su esfuerzo, todo su sentimiento se centran en la que hacía falta, todas están seguras para pasar la noche, pero esta faltaba, esta le hace arriesgar su propia vida, por eso al volverla a ver, la abraza, se la echa en hombros, si era suya, ahora es más suya, si estaba más lejos que nunca ahora está más cerca que nunca, es 100 veces más suya, le ha dado más alegría que las 99 que quedaron. Sus 100 ovejas era todo lo que tenía, estuvo a punto de perderla, ahora que la encuentra celebra, así como todos se enteraron de su dolor, de su épica búsqueda, ahora todos, amigos y vecinos celebrarán la alegría de haberla rescatado.
Si por un momento también nos pusiéramos a pensar en el corazón de la oveja, una mañana como cualquier otra, salió con el grupo a pastar, pero algo la distrajo, tal vez la curiosidad, o por travesura, el punto es que cuando volteó a ver, ya se habían ido, y mientras más caminaba, más se alejaba, le invadió un miedo, como ella nunca había experimentado, estaba sola, su vida, su alimento, su seguridad dependía del pastor; un frío, un temor, una sensación mortal la rodeaba, sonidos extraños, sombras, olores que nunca había percibido. Pero cuando escucha la voz del pastor, gritó como un niño por su madre, al momento, sin ningún reclamo, su pastor la abraza y la lleva sobre sus hombros, ya estaba segura, casi se duerme en el camino, pero al llegar a casa la recibieron como la oveja más popular de todas, a ninguna le habían hecho un recibimiento de tal magnitud, estaba perdida y ha sido hallada, estaba muerta y ha vuelto a la vida.
Con estas imágenes es fácil ubicar a los personajes, la oveja, está en primera persona singular: “yo”, las otras ovejas, son aquellos cuyas vidas son buenas, viven tranquilos, hasta los admiramos y a veces hasta los envidiamos, pero el personaje principal, el pastor: Jesús nuestro Salvador.
Me cuesta a veces entender que he cometido errores, quizá por distracción, por debilidad, por curiosidad o bien por llevarle la corriente a mi madre, o a las autoridades. ¿Cuál es la relación que tengo con Dios? Es una pregunta muy válida pues me debo preguntar si Jesús es mi Pastor A la luz del Salmo 23, si Dios es mi Pastor “nada me faltará.” Pero a mí todo me falta, me falta dinero, motivación, cubrir mis principales necesidades, paz interior, sentido de vida, etcétera Preguntarme qué es lo que me hace alejarme de mi Pastor es importante, pero lo más importante es reconocer que me alejé y me perdí, que necesito reencontrarme con mi Pastor.
En esta historia se muestra la misericordia infinita de Dios, porque el actuar del pecador no obedece al de una oveja, la maldad que cometemos, para Jesús es como una oveja que se separa del redil, el esfuerzo del pastor por encontrarla, es una búsqueda que incluye el abandono de lo que tenía seguro, pues para Dios somos tan valiosos los pecadores, que no duda en abandonar el cielo para venir al mundo como un niño y entregar su vida como precio de rescate por los pecadores. Hay dos momentos muy emotivos, el momento en el que la encuentra, la abraza y no la suelta hasta llegar a casa y el momento en que todas las ovejas están reunidas, es fiesta, es motivo para celebrar. Este hecho motiva una una frase, para algunos escandalosa: “hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte, que por noventa y nueve justos que no necesitan conversión”. Qué puede hacer la oveja para ser encontrada, balar, gritar, clamar misericordia, este es el momento de tomar la decisión más importante de tu vida, no dudes del amor y la misericordia de Dios, es el momento de provocar la fiesta más grande que jamás imaginaste, ni la alegría que provocan 99 justos, se compara a la alegría que tu conversión provocará en el cielo.
Serás la oveja encontrada, o serás la oveja que perezca perdida, tú provocarás gran alegría en el corazón de tu pastor y una gran fiesta, o bien seguirás hundido en soledad, en la incertidumbre, en el miedo de cada día, en una agonía mortal, heredando por su puesto a la siguiente generación esa espantosa experiencia de sentirte perdido. Ya pasaste lo peor, ahora tu Pastor se acerca, te llama por tu nombre, El te conoce, pero espera pacientemente tu decisión, déjate encontrar, déjate cargar, permítele que te acerque a su corazón, una vez sobre sus hombros, Él tomará el control, entrégale a Jesús tus sentimientos, tus emociones, tus pensamientos, tu pasado, tu presente y tu futuro, en una sola frase: déjate amar por Jesús, recibe su amor, Él ya lo hizo todo, este es tu momento, el encuentro de la oveja perdida con su Pastor, su amor sanará toda herida de tu corazón, ten confianza en Él y experimentarás ser llevado en los hombros de Jesús, hasta la casa del Padre y juntos celebraremos el gozo eterno de la comunión con Dios.
José Miguel Rojas Martínez.