El corazón alegre mejora la salud; el espíritu abatido seca los huesos. Pro 17,22
Desde tiempos inmemorables el hombre ha investigado la manera de curar las enfermedades que amenazan su existencia, en la actualidad con los avances tecnológicos el hombre continúa con ese afán, sin embargo, la sabiduría divina apunta con mayor precisión a una vida plena y al final la vida eterna (Juan 10,10)
Los últimos informes científicos afirman que existe una conexión directa con el ánimo y muchas enfermedades, la tristeza por ejemplo predispone al cuerpo a muchas enfermedades que terminan acabando con el individuo, a veces antes de tiempo.
El gozo y la alegría son experiencias ligadas al encuentro con Jesús, el anuncio a la Virgen María: Alégrate María… Cuando María saluda a Isabel el bebé saltó de gozo, y la expresión de María fue: “mi espíritu se alegra en Dios mi salvador.” Cuando los ángeles anuncian el nacimiento de Cristo sus palabras fueron: “les anuncio una noticia que será de gran alegría para todo el pueblo…”
El anuncio de Cristo de la Buena Nueva al ser recibido provocaba gozo en la tierra y en el cielo. La conversión logra como consecuencia un gozo eterno que inicia en el momento de la decisión del ser humano. Al sanar el enfermo, glorificaba a Dios, saltaba de gozo, provocaba una alegría que se contagiaba, sólo había un sector que no se alegraba: el de las tinieblas, que perdía adeptos, que sucumbía ante la luz que nos trae Jesús.
San Pablo nos escribe: gócense, les repito, gócense. Lo que debemos de saber es que lo escribió desde lo profundo de una celda.
La tristeza es un depredador escondido en lo profundo del ser humano, agazapado, oportunista, cobarde, que está esperando que bajen tus defensas para minar tu ser entero, empujándote a la “devoradora depresión” y convenientemente mantenerte en ese oscuro pozo sin salida. Y lo más triste es de que le damos permiso, haciéndole nuestra más cercana y vieja amiga. Llegamos a pelearnos con todos, con tal de mantener a esa ingrata parásita a nuestro lado como nuestra mejor amiga.
Es tu decisión, puedes llenarte del gozo del Señor, puedes disfrutar de las maravillas que llevaron a María a decir: “mi espíritu se alegra en Dios mi salvador…” o puedes continuar mirando y contemplando tus llagas, como el mendigo Lázaro a quien los perros le lamían las llagas. Existen personas a quienes les encanta auto compadecerse y que los demás le pongan atención a sus calamidades, pues sólo quejándose viven.
Hoy puedes iniciar una nueva vida de la mano de Cristo, lleno del gozo del Espíritu Santo, radiante con una salud envidiable, pues Cristo es nuestra Shalom (=paz, gozo, bendición, salud, prosperidad, todo lo bueno). Todos los días sus misericordias son nuevas, y nosotros podemos disfrutarlas o rechazarlas, quien las rechace, prefiere vivir triste, enfermo y sin esperanza, pero cuando decidimos abrir nuestro corazón a su presencia, nos vamos renovando diariamente, hasta llegar a la estatura del varón perfecto: Cristo.
Oración Glorioso Padre Celestial, tú eres el dador del gozo. Te alabo por el gozo que está puesto delante de mí cada vez que miro al cielo. Gracias por el gozo que tu Espíritu produce en mí. Perdóname por cubrir o esconder mi gozo en las ocasiones que debería dejarlo brillar. Ayúdame a compartir este gozo con otras. Me regocijo en ti, mi Señor, mi Redentor. Te lo pido en el nombre de Jesús, con la intercesión de María nuestra madre. Amén